<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246</id><updated>2011-08-15T12:55:53.994-07:00</updated><category term='Bien sabe usar el tamiz el que descubre un matiz'/><title type='text'>El tamiz</title><subtitle type='html'>Bien sabe usar el tamiz, el que descubre un matiz.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-6220274071815776467</id><published>2011-08-15T12:49:00.000-07:00</published><updated>2011-08-15T12:55:54.009-07:00</updated><title type='text'>El indiscreto encanto de la blogosfera</title><content type='html'>Encanto, sí, y más de uno. Veamos: Dominados y sin derecho a discusión por un idioma extranjero, sin que importe casi para nada el autóctono. Ahí surge el primer acto de sumisión: acostumbrarnos a la fuerza a decir blog, weblog, link, chat, login, tag, banner…y no diremos etcétera, sino más bien ad infinitum.&lt;br /&gt;  Ojos obligados a permanecer colocados sobre un rectángulo luminoso que exige constante e interminable lectura, incesante paseo por cientos de palabras, figuras y detalles; más lectura, más paseo visual, atención máxima, rapidez de reflejos, torso recto, vista y mente proyectadas en la pantalla, postura perjudicial para el cuello, entumecimiento del cuerpo por la inmovilidad. &lt;br /&gt;  Así, el artefacto se convierte en el depositario insustituible de al menos tres de nuestros sentidos físicos. Peor aún, ni siquiera el tacto participa de manera directa, porque nuestras manos y dedos quedan prolongados artificialmente por un instrumento con forma de ratón al que llamamos mouse  y que produce una sensación de invalidez si uno llega a prescindir de él.&lt;br /&gt;  Comienza el espectáculo: danza de letras, números, colores y dibujos, “botones” que son rectángulos en los que hay que hacer clic. Hemos entrado en la “blogosfera”.&lt;br /&gt;  Pero ella es tan solo un ejemplo concreto de los innumerables espacios que ofrece esa realidad paralela a la que se ha denominado “virtual”, porque para muestra, dicen, basta un botón.&lt;br /&gt;  El mundo virtual compite con el real, natural, conocido, es decir, con lo que siempre había sido la tierra firme del cuerpo y la psique humanos. Pareciera que al calificarlo de virtual lo estuviésemos colocando en una categoría inferior, como quien compara la fotografía de una persona con la persona misma. Sin embargo, este ámbito incierto y escurridizo de lo virtual tiene límites un tanto difusos, sobre todo por su capacidad de atracción. Esa segunda realidad que se autoalimenta y crece en forma independiente de nuestra voluntad, que toma voz y presencia propias cuando se presenta ante los ojos, llega a actuar con una fuerza que ella misma nutre y embellece valiéndose el anzuelo de la interactividad. Es como si preguntara “¿Quieres más?” a la espera de un indefectible sí de parte de su subyugado espectador e interactuante, y a mayor satisfacción de éste, más atrevidos sus ofrecimientos: “¿Y ahora, qué más quieres que haga por ti?” Para desafiar la curiosidad, la tentación, las ansias de novedad del usuario, dispone de innumerables medios que simplifica al máximo en frases cortas e imperativas, todas con un solo significado: “¿Crees que no soy capaz de…?”. Presencia invisible pero existente que seduce, embelesa, atrapa, y ante su poder deja a su victima inerme: solo puede obedecer. Esta “realidad” virtual (evidente contrasentido) no arriesga nada y se atreve a todo. Cualquier red se fabrica –precisamente- con un solo fin: atrapar.&lt;br /&gt;  Pero ocurre que llegó el día en que el descomunal agujero negro, lleno y vacío a la vez, permitió la entrada a su fantástico interior. Como Alicia traspasando el espejo, cada individuo que así lo decide, sin restricciones de ningún tipo puede ingresar “al otro lado” desde donde emitirá lo que otros (y él mismo) verán, sentirán, oirán. Es el orador invisible que desde la blogosfera toma la palabra y se proyecta al mundo, también invisible, como una suerte de dios al que todo el planeta puede oír y ver en el mismo instante, porque de eso se trata la falacia cautivadora en la que ha caído. He ahí el protagonista: el “blogger”.&lt;br /&gt;  No importa cuan indefinido o discutible sea ese título, porque nada impide que la persona dueña de su “blog” (de uno o de cuantos quiera) pueda entrar en acción inmediatamente. En su escenario despliega una especie de reality show pero por escrito, aunque no exento de la posibilidad de mostrar imágenes, sonidos y animación reales. Y nosotros, totalmente indefensos, convocados por la seducción imposible de rechazar, caemos junto con el blogger: somos los devotos coprotagonistas. Actor y público se fusionan. Solo es necesario ese equipo electrónico que recibe distintos nombres según su tamaño, y claro, el elemento infaltable: la conexión a la Red.   &lt;br /&gt;Conectarse es como invocar en oración pagana a ese plano divinizado que nos atenderá inmediatamente, sin lugar a dudas, sin que medie adhesión religiosa ni sacrificio algunos, aunque sí cierto ritual. En forma automática, una vez conectados, comienza la experiencia: mucho de encanto, nada de discreción. Una profusión de imágenes satura la visión y aturde los oídos mentales, ésos que no alcanzan a seguir el ritmo con que la vista recorre las interminables señales. Ellas no solo brillan y se mueven: pueden deslizarse, titilar, saltar, aparecer y desaparecer en forma intermitente, agrandarse, transformarse. ¿Dónde detenerse a leer? O mejor ¿Qué leer y qué ignorar? El blogger se ve en la necesidad de destacar el contenido de lo que pretende decir, o de lo contrario sus ideas serán agujas en un pajar. ¿Cómo lograrlo en medio de señales rutilantes, constantes, que entre un parpadear y otro se entrometen y llaman la atención del lector con ese mismo fin, destacarse? Ya estamos sumergidos. La llamada “página” se vuelve algo parecido al país de las diversiones de Pinocho: todo está permitido, mejor probarlo todo antes de que el hechizo termine. Con cierta resignación, el blogger concluye que deberá diseñar un espacio de aspecto casi monacal para que sus lectores no se distraigan y dirijan su atención a lo que ha escrito. Lucha denodada, negociar con la indiscreción y seguir las consignas de la blogosfera, porque ella le dice “tómalo o déjalo” y es quien manda. Intentando llegar a su público, acepta las condiciones. No había tal tiranía en el papel impreso, pero se impuso la época con su encanto. Y venció.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-6220274071815776467?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/6220274071815776467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2011/08/el-indiscreto-encanto-de-la-blogosfera.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/6220274071815776467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/6220274071815776467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2011/08/el-indiscreto-encanto-de-la-blogosfera.html' title='El indiscreto encanto de la blogosfera'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-8747534369113054410</id><published>2009-12-13T13:41:00.000-08:00</published><updated>2009-12-13T13:43:07.448-08:00</updated><title type='text'>Navidad de vanidades</title><content type='html'>“...Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. (Lucas 2:14)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera por un momento creer que mi mente alberga la imaginación de un niño y pensar con la frescura y pureza que él lo haría. Entonces me preguntaría dónde está y qué estará pensando San Nicolás en este mismo instante. Me refiero a aquel remoto personaje quien, de ser un obispo de la Turquía del siglo IV, pasó a nutrir leyendas de las lejanas tierras nórdicas que cautivaban la imaginación de los pequeños, llenándola de una entusiasta expectativa por los regalos que llegarían cierta noche decembrina. El santo medieval ha quedado muy distante del sentido y la dimensión que hoy tiene esta temporada festiva para los niños modernos.&lt;br /&gt;Si él supiera en qué quedó convertido tal vez desearía viajar en la máquina del tiempo y, llegando al día en que nació, desaparecer para preservarse intacto en su calidez e inocencia. ¿Quién podría reconocerlo ahora transformado en Santa Claus?&lt;br /&gt;Ahora, volviendo a pensar como el adulto que soy, no creo que sean cientos sino miles las personas que ignoran lo que significa en español la palabra Navidad, es decir: nacimiento. Y menos aún –pienso con pesimismo– espero que comprendan qué nacimiento es ése que tanto se celebra, y que no ha habido otro en la historia de la humanidad que haya producido más cambios y beneficios para esa misma humanidad. Si supieran que aquel niño acostado entre animales en un modestísimo pesebre significó el más revolucionario acontecimiento para la historia del hombre como ser provisto de alma, quizás tendrían más respeto por esta fecha que hoy no es más que un evento cultural señalado con rojo en los almanaques.&lt;br /&gt;Fue el día que el hombre recibió el don más precioso del cielo.&lt;br /&gt;El mismo día y el mismo don que hoy aparecen desvalorizados y arrinconados bajo las telarañas y el polvo que acumuló sobre ellos la desidia espiritual de los hombres en estos dos milenios posteriores. El vértigo mercantilista invita a la sociedad a subirse a su velocísimo carrusel, en el que giran para no sentir ni pensar, sino consumir y devorar, encandilados y eufóricos.&lt;br /&gt;¿Quién no recuerda aquella frase? Navidad de... O mejor dicho: Vanidad de vanidades. Qué triste parecido, y lo que describía con estas palabras el Predicador en el Eclesiastés no está tan lejos de lo que presenciamos actualmente. El santuario fue convertido en feria de mercaderes, pero no hay ningún valiente que venga a voltear las mesas donde a los incautos se les venden figuritas de plástico en vez de ofrecerles gratuitamente el oro del corazón del Rey.&lt;br /&gt;Pobre San Nicolás, pobre Niño Jesús –si cabe la expresión y obviando, naturalmente, la distancia sideral entre ambos–; qué sentirán, el uno convertido en falso rey, el otro, rey verdadero, al ver en la fecha conmemorativa que su imagen simboliza, la banalidad institucionalizada por el hombre que se ha olvidado de que tiene alma, y también espíritu.&lt;br /&gt;Queremos rescatar del polvo que ha escondido el brillo de la verdadera Navidad, su fulgor auténtico, el que tiene la fuerza de la verdad imperecedera. No es con colores relucientes y campanas de alegría que podremos ver esa verdad reflejada en nuestro escenario cotidiano. Ellos sólo transforman la realidad habitual en un ambiente visualmente atractivo que invita a celebrar. Pero si con la misma inversión de tiempo, empeño y perseverancia nos dedicáramos ésta y todas las Navidades a revestir de sensibilidad nuestra condición humana, de la misma manera que decoramos el ambiente exterior, tal vez la Navidad algún día podría volver a ser lo que debió ser siempre, en su pureza y autenticidad.&lt;br /&gt;No debería ser un adorno temporal, para descartar después de que terminen las fiestas. Un cambio en las actitudes y sentimientos no le hace mal a nadie, pero sí nos hace mucho bien a todos. Que la buena voluntad, frase que evoca las palabras bíblicas relativas a esta fecha, pueda convertirse en una realidad vivida a diario por cada uno, la verdad que sustituya el eslogan, la falacia destronada, y en su lugar un esfuerzo sincero de ejercitar esas virtudes que estas dos palabras encierran.&lt;br /&gt;Cuando la mano ansiosa del niño sin esperanza se extiende a la espera de que le obsequien la figurita de plástico, el amor del Redentor pone en ella una porción de oro puro, de su propio corazón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-8747534369113054410?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/8747534369113054410/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/12/navidad-de-vanidades.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/8747534369113054410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/8747534369113054410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/12/navidad-de-vanidades.html' title='Navidad de vanidades'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-4591093354347003834</id><published>2009-08-16T19:06:00.000-07:00</published><updated>2009-08-16T20:06:06.470-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Wingdings; 	panose-1:5 0 0 0 0 0 0 0 0 0; 	mso-font-charset:2; 	mso-generic-font-family:auto; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:0 268435456 0 0 -2147483648 0;} @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:Tahoma; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:1627421319 -2147483648 8 0 66047 0;} @font-face 	{font-family:Garamond; 	panose-1:2 2 4 4 3 3 1 1 8 3; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:"Albertus Medium"; 	panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-format:other; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;}  /* List Definitions */  @list l0 	{mso-list-id:647781161; 	mso-list-type:hybrid; 	mso-list-template-ids:-1276851468 67764239 67764249 67764251 67764239 67764249 67764251 67764239 67764249 67764251;} @list l0:level1 	{mso-level-tab-stop:36.0pt; 	mso-level-number-position:left; 	text-indent:-18.0pt;} @list l1 	{mso-list-id:690182872; 	mso-list-type:hybrid; 	mso-list-template-ids:-61707254 -1481891380 201981955 201981957 201981953 201981955 201981957 201981953 201981955 201981957;} @list l1:level1 	{mso-level-start-at:0; 	mso-level-number-format:bullet; 	mso-level-text:-; 	mso-level-tab-stop:32.2pt; 	mso-level-number-position:left; 	margin-left:32.2pt; 	text-indent:-18.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} ol 	{margin-bottom:0cm;} ul 	{margin-bottom:0cm;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: left; color: rgb(51, 51, 255); font-weight: bold; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:130%;" &gt;¿Todavía es posible?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: center; font-family: times new roman;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="background: yellow none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: center; font-family: times new roman;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:georgia;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Que la vida en esta tierra está llena de paradojas, todos lo sabemos. Pero he aquí una interesante: en el momento en que el progreso tecnológico nos ha llevado al mecanismo más veloz y eficiente de comunicación que se pudiera imaginar, el ser humano se encuentra más frustrado que nunca en su deseo de que lo escuchen. En efecto, en una red inconmensurable por su tamaño y por su constante potencial de crecimiento, se entretejen diariamente los mensajes de millones de personas de todo el globo, pero en frente de cada pantalla que los “vincula”, se sienta un hombre o una mujer que están tan solos como al nacer.&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Los pobladores de las grandes urbes nos vemos impelidos a luchar contra tiranos como la prisa, la competencia y el consumismo impuesto, entre otros factores, por el dictado de la moda. Ese desgastante esfuerzo no deja espacio para el individuo, que se hace a sí mismo a un lado para perderse dentro de la masa, y es así como llega casi a olvidarse de que tiene su propia capacidad de expresarse. Además no encuentra quién quiera escuchar algo simple, desvinculado del trabajo, la productividad y otros tantos asuntos que mantienen “seriamente” ocupadas las mentes de los otros. Es esto lo que nos sugiere el enternecedor testimonio de una lectora, que nos escribe haciéndose eco de la situación vivida por nuestro jefe de redacción al fallecer su perro: algo que tal vez -pensó él- no era importante para nadie excepto para él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Nos sumergimos en un torbellino de velocidad para perseguir objetivos como el dinero, el placer y el poder, y en nuestra carrera desenfrenada dejamos atrás, sin darnos cuenta, muchas de las oportunidades que la vida nos brinda de comunicarnos para lo más sencillo y cotidiano de la vida. Pareciera que todos andamos demasiado ocupados y apurados para hablar con nuestros semejantes o escucharlos (¿Recuerdan el hombre de los números de &lt;i style=""&gt;El Principito&lt;/i&gt;?). No logramos encontrar la combinación de tiempo y lugar (excepto en vacaciones) para una comunicación descansada que no tenga que ver con las exigencias de nuestros agobiantes perseguidores: el trabajo, la rutina, la situación del país, etc., y más difícil aún es hallar, para ese intercambio, un marco saludable de sosiego y edificación mutua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;“No es bueno que el hombre esté solo” dijo Dios después de crear al primer hombre, y creó su compañera. Todavía el hombre no ha superado esa necesidad, y desde aquí queremos estimular a cada lector a que nos acompañe, y juntos insistamos en creer&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que la comunicación &lt;i style=""&gt;todavía es posible.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: right; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(De: Archivo - Septiembre 1998)&lt;i style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p style="font-weight: bold; font-family: georgia; color: rgb(51, 51, 255);" class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;div style="text-align: left; font-weight: bold; color: rgb(51, 51, 255); font-family: georgia;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-indent: 14.2pt; text-align: left; font-family: times new roman;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style="font-family: georgia; font-weight: bold;font-size:100%;" &gt;&lt;i&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-family: georgia;font-size:130%;" &gt;&lt;i style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;“Haz el bien y no mires a quién”...&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-family: georgia; font-weight: bold;font-size:100%;color:blue;"   lang="ES"&gt;decía aquel viejo refrán.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="background: yellow none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;" lang="ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-indent: 14.2pt; text-align: left; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="background: yellow none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;" lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;“¿Decía?” ¿Acaso ya no nos dice nada este dicho popular?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;No sé si es ésa la conclusión a la que debería llegar después de haber visto el patético grito de socorro “¡Soy millonario! ¿Qué hago?” en el título de un artículo publicado en The New York Times. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;Con asombro asisto como espectadora a la descripción de uno de tantos programas ideados por los hombres de nuestra época para encontrarles un rumbo a sus errantes y cansados egos. Antes era suficiente con hacer el bien. Ahora, en el fin del siglo de la proliferación de lo superfluo, hace falta saber no sólo a quién se hace el bien, sino tomar un curso para hacerlo inteligente y responsablemente. No sé si, al tomar con humor un nombre tan irreverente como “Curso de Filantropía Práctica” (dictado por la respetable Fundación Rockefeller), estaré restándole gravedad al trasfondo de este fenómeno, pero confieso que me hizo mucha gracia al leerlo. Así como me hace gracia que los ahora denominados “megarricos” paguen sumas tan inverosímiles como 20.000 dólares para “aprender” a donar su dinero, ya que el tenerlo en tanta abundancia no les ha servido para algo tan sencillo como es dar al que necesita. Al contrario: precisamente por tener tanto y no saber en qué emplearlo, son presa fácil de ingeniosos artificios destinados a enriquecer a los que se aprovechan de su ingenuidad. Es así como se inventan conceptos como “caridad estratégica”, quizás con el fin de darle un aspecto empresarial a la tarea de hacer beneficencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Me resulta increíble pensar que una persona no sea capaz de encontrar, en medio de las condiciones de vida tan extraordinariamente deterioradas en que actualmente sobrevive la mayoría de los pobladores del planeta, un grupo humano a quien asistir de forma inmediata, sin detenerse a analizar cuándo, cómo o por qué ayudarlo. No es necesario ser un especialista para ver cuántas y cuán variadas son las necesidades a nuestro alrededor: hambre, niños abandonados, enfermos incurables, indigentes sin hogar, y para qué seguir... Por si fuera poco, abundan por doquier campañas que comienzan a raíz de situaciones apremiantes ocasionadas por algún suceso específico, como lo fueron este año las inundaciones del litoral, y más de un niño que necesitaba un órgano para poder seguir viviendo, por citar dos ejemplos conocidos por todos. En ambos casos es indudable que las formas posibles de ayuda son múltiples, en caso que alguno se atreva a decir que “no se le ocurre” qué hacer por sus semejantes aunque tiene los medios para hacerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;El llamado tercer sector se acrecienta día a día impulsando cada vez más iniciativas para brindar ayuda desinteresada a innumerables sectores de la sociedad, tanto así que en el principal diario del país se le dedica una página a esta actividad. Y al mismo tiempo, hay personas que no saben a quién ni cómo dar su dinero. Suena a ironía, pero se le podría llamar insensibilidad, ceguera, estupidez, por parte de los incapaces&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de hacer el bien “sin mirar a quién”. ¡Ojalá fuera tan sencillo! Pero no lo es: intuyo que se trata de un fenómeno mucho más complejo y profundo, que la insuficiencia de espacio me impide analizar aquí. Pero ello nos debería invitar a preguntarnos si el hombre actual ha llegado a deshumanizarse de tal modo que ya no sabe dónde están sus manos, y si ellas son capaces de alcanzar lo que tienen delante por el solo impulso natural que nace de un ser que está vivo y se mueve. La implacable respuesta sería concluir que los hombres no vemos y no nos movemos por la simple razón de que estamos “muertos”. Pero no seamos extremistas, y concedámonos el beneficio de la duda, ya que aun alguien que está vivo puede estar impedido de moverse a voluntad, como en el caso de una persona ciega o enferma. Y es aquí, precisamente, donde se descubre el triste, dramático, pero real trasfondo al que me refería más arriba: &lt;i&gt;el hombre moderno está&lt;/i&gt; &lt;i&gt;enfermo&lt;/i&gt;.&lt;i&gt; &lt;/i&gt;Padece de muchos males que han atacado su ser desde lo más interno: egoísmo, indiferencia, ingratitud, afán de grandeza, por nombrar algunos. Y ya no puede elegir la opción de “no mires a quién”, porque ya no puede ni siquiera mirar: su avanzada enfermedad le ha ocasionado una aparentemente irreversible ceguera del alma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: -0.05pt; text-align: right; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(De: Archivo - Noviembre 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link style="font-family: times new roman;" rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Century Gothic"; 	panose-1:2 11 5 2 2 2 2 2 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} h3 	{mso-style-next:Normal; 	margin-top:12.0pt; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:3.0pt; 	margin-left:0cm; 	mso-pagination:widow-orphan; 	page-break-after:avoid; 	mso-outline-level:3; 	font-size:13.0pt; 	font-family:Arial; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} p.MsoBodyText2, li.MsoBodyText2, div.MsoBodyText2 	{margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:6.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:200%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;h3 style="color: rgb(51, 51, 255); font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/h3&gt;&lt;h3 style="color: rgb(51, 51, 255); font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Para los cansados&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; font-family: times new roman;" align="center"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link style="font-family: times new roman;" rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} p.MsoBodyText2, li.MsoBodyText2, div.MsoBodyText2 	{margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:6.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:200%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos topamos por doquier con gente cansada -a veces harta- de sufrir en medio de la más total impotencia, los embates de una especie de enjambre de muchos males simultáneos que los rodean como individuos o como comunidad. Son todos ellos muy conocidos para todos nosotros: desempleo, inutilidad de los organismos encargados de hacer justicia, corrupción generalizada, etc. Es por ello que desde estas páginas deseamos proponer nuevamente los valores de siempre, a manera de recordatorio, si se quiere de aliciente, para atacar el cansancio moral –que amenaza con invadir, desde el corazón, todo el ser de tantas personas–con el antídoto de una actitud constructiva, que algunos podrán denominar esperanza, otros perseverancia, pero que sin importar el nombre que cada uno le dé, todos pueden aportar desde su posición individual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Vemos cómo la violencia se cuela por cada resquicio a nuestro alrededor, pero al rencor y al hambre de venganza que la instigan podemos contraponerles el amor y el perdón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Encontramos discordia a la vuelta de cada esquina, y hay la que si nos descuidamos se transforma en guerra: elijamos la reconciliación y la paz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los modelos de relaciones interpersonales que nos proponen los medios de comunicación masiva son de desintegración y ruptura; los límites entre lo correcto, lícito y sano, por un lado, y lo irregular y a veces hasta inmoral (aceptado actualmente como normal) se han desvanecido, y solo queda una variedad permitida bastante confusa. Pero nosotros no dejaremos de insistir en apoyar la unión de las personas mediante lazos constructivos y la familia como núcleo primordial para la preservación de una sociedad sana. Es en la familia donde el ser humano se puede nutrir de esos valores que le permitirán hacer frente, como armas, a la batalla cotidiana que debe librar con un mundo arruinado por los antivalores que definen su decadencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Frente a la incomprensión hacia nuestros semejantes que genera desprecio, marginación y exclusión, optamos por la tolerancia, la consideración y el respeto por cada persona, raza, ideología o nacionalidad, con el propósito de fomentar la equidad y la justicia, que serán el único medio a nuestro alcance para vencer esa tendencia tan humana al separatismo y la segregación. Éstos, a su vez, son el caldo de cultivo del fanatismo del que nacen muchas guerras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Reivindicamos la responsabilidad contra la negligencia y la evasión; la diligencia en lugar de la desidia; el compañerismo y la solidaridad en remplazo del individualismo egoísta; la veracidad y la transparencia como alternativas al engaño y el fraude.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La sociedad actual nos invita a abalanzarnos en frenética carrera en pos del éxito, para lo cual las consignas son &lt;i&gt;competir&lt;/i&gt; ­–lo más ferozmente que se pueda­­– y &lt;i&gt;ganar&lt;/i&gt;. Sin embargo, en vez de buscar un triunfo que implique aplastar a un contrincante para saborear una victoria que es tan solo la derrota de otro ser humano, abogamos por el crecimiento sostenido de cada persona con miras a la superación personal. El modelo de “éxito” que se nos ofrece consiste en riqueza, poder y fama, con la opulencia y la ostentación como sus signos exteriores más evidentes. Pero preferimos la riqueza invisible como antimodelo: ésa que solo conoce quien “hace tesoro en el cielo” como aconsejaba Jesús.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Y de qué llena su tesoro el hombre común de nuestra época? Acumula lo material o los medios para conseguirlo. Persigue la productividad como el máximo ideal, sumergiéndose en la corriente de cambio continuo y vertiginoso que impone tal tarea en la vida del ciudadano moderno. Prefiere ese gran esfuerzo, a lograr dentro de sí mismo una estabilidad sosegada y duradera, ya que ingenuamente cree que dicho estado lo obtendrá mediante ese ritmo agotador de cambio para el que, además, no hay otro descanso que el espejismo del placer y la diversión a ultranza. Pero éstos son solo una fuente relativa de alivio que no se puede comparar con la verdadera satisfacción interior, aquélla que produce alegría y paz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;Busquemos la sabiduría que nos permita sustituir lo ordinario, insustancial y efímero de esta vida por lo trascendente, profundo y eterno, y hagamos de ello ese tesoro en el cielo “donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” &lt;/span&gt;&lt;sup style="font-family: times new roman;"&gt;1&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: 29.2pt; text-align: right; text-indent: 14.2pt; line-height: normal;"&gt;&lt;sup&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" lang="ES"&gt;1 &lt;/span&gt;&lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" lang="ES"&gt;Evang. según San Mateo 6:20,21&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(De: Archivo - Noviembre 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link style="font-family: times new roman;" rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:smarttagtype style="font-family: times new roman;" namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Antique Olive"; 	panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-format:other; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;} @font-face 	{font-family:"Benguiat Bk BT"; 	mso-font-alt:"Bookman Old Style"; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:7 0 0 0 17 0;} @font-face 	{font-family:CenturionOld; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} h1 	{mso-style-next:Normal; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	page-break-after:avoid; 	mso-outline-level:1; 	font-size:12.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 	font-family:"Antique Olive"; 	mso-font-kerning:0pt; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES; 	font-weight:normal;} p.MsoBodyText, li.MsoBodyText, div.MsoBodyText 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	text-align:justify; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 	font-family:CenturionOld; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;/div&gt;&lt;h3 style="font-style: italic; text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Solidaridad y ecología: la voluntad de perdurar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: justify; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;A raíz de la inauguración de &lt;st1:personname productid="la Cumbre" st="on"&gt;la Cumbre&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Tierra" st="on"&gt;la Tierra&lt;/st1:personname&gt; en Johannesburgo tuvimos la oportunidad de conocer las palabras del presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, quien apuntó a un concepto fundamental, tan oportuno como ineludible dentro de la temática a tratar en la cumbre: &lt;b&gt;la solidaridad&lt;/b&gt;. De su discurso destila el clamor universal –en él personificado, para la ocasión– por esa virtud desplazada, siempre postergada, que el hombre conoce no de haberla aprendido, sino porque la trae consigo al nacer. Porque “la inclinación a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos” –según la define el diccionario– es una característica que si aun en los animales la vemos con frecuencia, resulta vano discutir que es inherente al ser humano. Negarlo sería como negar que el hombre nace con la capacidad de amar. Porque de eso se trata la solidaridad: va más allá de la simple consideración o la cortesía; nace del respeto por &lt;i&gt;el otro&lt;/i&gt;, y tiene como objetivo identificarse con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: justify; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Y la misma palabra parece llevarnos por caminos de exploración ilimitados y variadísimos. Significa, además de identificación, o precisamente en función de ella, la &lt;i&gt;acción&lt;/i&gt; que requiere para demostrarla, y es entonces donde se ponen de manifiesto los conceptos que incorpora: compañerismo, unión, fraternización, apoyo. A veces en las relaciones humanas no necesariamente se da la armonía o la concordia, sin embargo ello no limita a la solidaridad. La adhesión a la causa de otro, o la comunidad de intereses y aspiraciones (otra definición del diccionario) puede ser circunstancial, y sin embargo en la práctica tiene un peso de verdad y de resultados que otros acercamientos, más pasajeros, no lograrían. Por eso la solidaridad tiene que ver con los hechos y no con las palabras. Por algo su origen deriva de la palabra sólido, y transmite la noción de lo que permanece, de lo que se construye y perdura, de algo más tangible que las meras ideas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: justify; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;La economía del lenguaje y la tendencia actual a unificar y simplificar las variantes en un concepto claro y único dieron cabida a la palabra solidaridad como la adecuada y definitiva. Hasta pareciera haber llegado a sustituir muchas otras formas de denominar las iniciativas colectivas de asistir a los necesitados, como caridad, beneficencia, y otras similares. Resulta muy familiar desde la primera vez, pues casi todos comenzamos a oírla desde los primeros años de la primaria. Además suele repetirse en los más variados contextos: desde &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la  Iglesia&lt;/st1:personname&gt;, los sindicatos o la biología, hasta aquello que, recordemos, se constituyó en nombre de un partido y emblema de un hecho histórico: &lt;st1:personname productid="la Solidarnosc" st="on"&gt;la&lt;i&gt;  Solidarnosc&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;liderada por Lech Walesa en Polonia. De todo ello inferimos su fuerza, su riqueza y su importancia. Su inmenso valor si la sacamos de los discursos para ponerla a funcionar, ya que como concepto es tan adaptable a cualquier corriente de pensamiento, tan versátil para atravesar fronteras raciales, geográficas o religiosas. Tan dúctil como para equipararla con la equidad y el acuerdo, nociones éstas entre cientos de otras que se habrán manejado en las conversaciones de la cumbre, así como en la de cualquier otra reunión de dirigentes de potencias, que tanto abundan por estos días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: justify; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Y precisamente, he ahí la ocasión perfecta para poner a prueba estas virtudes: una conferencia de carácter mundial que está signada por el pesimismo de sus asistentes y por lo gigantesco de la misión a cumplir. El presidente Mbeki afirmó que “lo que se requiere de nosotros es que acordemos medidas prácticas que ayuden a la humanidad&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(...) mediante un Plan de Aplicación, un plan global creíble y con significado para alcanzar las metas”. Es interesante observar cuánto del potencial de la solidaridad a la que él apela contiene esa afirmación y se podría poner en práctica si hubiera la voluntad: acuerdo, medidas prácticas, aplicación, plan &lt;i&gt;creíble&lt;/i&gt;, alcanzar... Todas ellas palabras que, dejadas en la frase del discurso, son estimulantes pero no sirven de nada, pero sacadas de la retórica y traducidas en actos concretos, podrían probar que si el llamado es tan claro, simple y fácil de entender, no debería ser difícil de llevar a cabo. La solidaridad entonces se convertiría en el arma primordial para combatir la depredación ignominiosa que sufre la tierra y su población castigada, ésa que aparece en los cuadros estadísticos que nadie tiene la paciencia de leer, con cifras millonarias referidas al hambre, los analfabetos, el sida, el acceso al agua potable, y otras injusticias. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: justify; font-family: times new roman;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;También es interesante descubrir que como virtud polifacética que es, la solidaridad encuentra parentesco con el objeto de su accionar cuando se la ejercita, y en este caso que nos ocupa, es la preservación del equilibrio ecológico el escenario privilegiado donde podríamos observarla en plena acción. La ecología tiene las mismas raíces, aspiraciones y huellas en las almas sensibles, en cuanto a la tierra como nuestro común hogar, que la solidaridad en cuanto a nuestros congéneres. Aquí no importa la semántica sino la funcionalidad: lo ecológico es lo solidario, y poco importa si ya ha sido acuñado el término “ecología social” o no, sino aplicar tanto lo uno como lo otro. Amar la tierra es amar a sus habitantes y viceversa, y de todos nosotros, individualmente, depende una ínfima porción del esfuerzo mundial. El “progreso” derivado de la tecnología es el que nos ha impuesto la globalización con sus consecuencias: el abismo de desigualdad social, la destrucción de la naturaleza, la dificultad extrema para sobrevivir de millones de personas, y el deterioro ambiental, para nombrar algunas, todas ellas partes de una especie de gigante asesino que parece cernirse sobre el planeta y al que hay que erradicar. Pero el ejercicio de la solidaridad es un acto de servicio al progreso &lt;i&gt;verdadero&lt;/i&gt; de la humanidad, aquél que implique detener la progresiva ruptura del equilibrio ecológico natural que incluye el social, porque cuando los recursos que son de todos los disfrutan unos pocos no se puede hablar de desarrollo, avance,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;orden mundial o calidad de vida, ni ninguna de esas palabras tan cacareadas en los congresos mundiales. El “principio salvaje de la supervivencia del más fuerte”, tal como llamó Mbeki al pretendido y mal llamado orden mundial que hay que desmantelar, debería haber quedado atrás, muy atrás, en la prehistoria del hombre que creíamos haber superado con la “civilización”. Esto es sólo el principio de un llamado a despertar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText2" style="margin-right: -42.6pt; text-indent: 14.2pt; line-height: normal; text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:85%;"  lang="ES"&gt;(De: Archivo - Septiembre 2002)&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;object classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D" id="ieooui"&gt;&lt;/object&gt; &lt;style&gt; st1\:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;/div&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Antique Olive"; 	panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-format:other; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;} @font-face 	{font-family:"Benguiat Bk BT"; 	mso-font-alt:"Bookman Old Style"; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:7 0 0 0 17 0;} @font-face 	{font-family:CenturionOld; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} h1 	{mso-style-next:Normal; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	page-break-after:avoid; 	mso-outline-level:1; 	font-size:12.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 	font-family:"Antique Olive"; 	mso-font-kerning:0pt; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES; 	font-weight:normal;} p.MsoBodyText, li.MsoBodyText, div.MsoBodyText 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	text-align:justify; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 	font-family:CenturionOld; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;h3 style="font-style: italic; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Vasallos de los mercaderes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;style&gt;&lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"CG Omega"; 	panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-format:other; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;     &lt;p style="font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 9pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Un rato de ocio. Nos adelantamos en el tiempo a épocas futuras, muy futuras al parecer –según las señales de nuestro presente– y leemos:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 9pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 9pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 18pt; font-family: times new roman; text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;“Por entonces Mercado era un imperio absolutista que dominaba todo el mundo conocido. Erigido y sostenido en honor al dios Dinero, el gobierno se lo repartían un puñado de países que mantenían guerras encarnizadas entre Occidente y Oriente con el fin –entre otros igual de mezquinos– de apoderarse del producto más preciado y codiciado que la tierra ofrecía en aquellos tiempos: el petróleo. Dicho sistema dictatorial había progresado vertiginosamente&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en manos de oligarcas que insistían en que la ideología que lo sustentaba era la democracia, y bajo ese falso estandarte acrecentaban su poder económico, político y militar, y cabalgando sobre tal engaño político, iban pisando cabezas de cientos de millones de personas hundidas en la pobreza, el hambre y las epidemias, además de otras muchas calamidades. A esta población oprimida, que constituía la mayor parte de la población mundial, se la llamaba despectivamente «el Tercer Mundo». Al imponerse por la fuerza en prácticamente todas las áreas de la vida de las personas, el imperio fue socavando las bases más antiguas y sólidas de la dignidad humana, interfiriendo en la educación, salud, hábitos de vida, cultura, ideología, religión e instituciones de sus “súbditos” del Tercer Mundo. Es así que en crónicas del año 2005 d.C.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se relata, por ejemplo, el caso de un respetado cura de la Argentina, reconocido por su lucha incansable a favor de los pobres y desamparados, quien en una entrevista televisiva se refería a una nueva modalidad en la construcción de las casas de cierta barriada marginal, que en ese país se conocían como «villas miseria». Estas viviendas que describía, ahora se construían sin cocina. Simplemente se les instalaba un calentador para el mate (véase glosario). Ante el asombro de la periodista, el sacerdote explicó que al no haber alimento alguno que compartir, la antigua y muy arraigada tradición de la mesa familiar había sido definitivamente suprimida del hogar. Por lo tanto,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cada integrante&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de las familias pobres según su edad y condición trataba de recibir algunas de las comidas necesarias de cada día. Para ello, en todo el país existían establecimientos a los que asistían indigentes, ancianos sin familia, o madres con hijos de corta edad, según se tratara de «comedores» populares (a cargo de organizaciones sin fines de lucro o dependencias del gobierno), guarderías o algún otro tipo de refugio ofrecido por solidaridad. Para la familia implicaba un ahorro de espacio, muebles, comestibles y utensilios. Sin embargo, aquella nueva forma de vida era un atropello del imperio que, sin piedad alguna iba destruyendo, uno por uno los elementos básicos del sistema de valores sobre los que se había construido la sociedad hasta ese momento de la historia del hombre”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 18pt; font-family: times new roman; text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 18pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 9pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;Volvemos de nuestro viaje de la imaginación y al aterrizar nos preguntamos si no será ésta una página de un libro de historia universal para alumnos de secundaria. ¿Qué año? Aventuremos alguno: 2500, 3000 tal vez… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"  style="text-indent: 15.6pt; text-align: right; font-family: times new roman;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:85%;"  lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:85%;"  lang="ES"&gt;(De: Archivo - Agosto 2005)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-family:lucida grande;font-size:100%;"   lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;h3 style="font-style: italic; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255); font-weight: bold;"&gt;La frase&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;font-size:100%;" &gt; &lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link style="font-family: times new roman;" rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:"Palatino Linotype"; 	panose-1:2 4 5 2 5 5 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-536870009 1073741843 0 0 415 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Palatino Linotype"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;"  lang="ES"&gt;Desde un noticiero televisivo, mientras se comentaba sobre las protestas de la población por los recientes y continuos cortes de electricidad, me golpeó en los oídos una frase del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para la que no pude encontrar un calificativo adecuado. Por supuesto, en mi fuero interno desfilaron unas cuantas palabras peyorativas, pero para ponerlo por escrito tenía que pensar en alguna palabra que pudiera describir la inmadurez tanto política como humana de su autor, y sumara además algunos matices que reflejaran mi indignación en forma decente. La memorable frase, justificando los cortes en el suministro de energía, fue: "Los argentinos somos víctimas de nuestro propio éxito" (sic). En una&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;fracción de segundo sentí en mi cabeza el efecto combinado de impresiones negativas que sería difícil sintetizar, porque para empezar, ni siquiera de un colegial al que hubieran encuestado por la calle sobre el asunto cabría esperar semejante razonamiento. En fin, pensé que tendría que recurrir al diccionario de sinónimos e ideas afines para encontrar un adjetivo que explicara por sí solo todo lo insensato, miope, limitado, despreciativo e irrespetuoso de la declaración del funcionario. Pero después pensé que un individuo que, siendo político (o creyendo serlo) tiene la osadía de hacer un ridículo semejante, no merecía que me molestara en utilizar mi precioso tiempo para buscarle un calificativo ajustado, ni a él ni a su insultante “justificación” pública. Mientras en esto cavilaba, a los pocos segundos, en otro noticiero, entrevistaron a una joven discapacitada que explicaba que necesitaba de un aparato de oxígeno para poder sobrevivir. Fue entonces que decidí que en lugar de gastar mi energía y pensamientos en criticar al Jefe de Gabinete y su infeliz frase, prefería preguntarle por este medio –y quizá algún lector lo ayude a contestar, o a mí a entender– a qué clase de éxito se referiría si lo pusiéramos frente a aquella joven, y de qué admirable manera le podría explicar a ella eso de ser “víctimas del éxito económico”. Me imagino la escena, y daría cualquier cosa por escuchar a Alberto Fernández repitiendo su insigne frase a ancianos en pisos altos de edificios impedidos de usar el ascensor, a madres de bebés que tienen que tirar por la cañería la leche echada a perder, a enfermos graves que para no morirse dependen de toda la aparatología tecnológica que la medicina provee, y a cientos de comerciantes de productos como pescado, carne, y tantos otros alimentos y hasta medicamentos que deben resignarse al “éxito económico” de perder su producción por el simple hecho de ser argentinos. Si usted quiere, señor Jefe de Gabinete, dejemos en suspenso la propuesta hasta que comiencen las muertes a raíz de los cortes de electricidad. Entonces, para oír alguna otra ocurrencia suya como la que hizo pública últimamente, le aseguro que pagaré asiento en primera fila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right; font-family: times new roman;"&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; (Enero 2008)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span  lang="ES" style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-4591093354347003834?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/4591093354347003834/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/08/normal-0-21-false-false-false.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/4591093354347003834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/4591093354347003834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/08/normal-0-21-false-false-false.html' title=''/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-4039127557876656093</id><published>2009-04-05T14:49:00.000-07:00</published><updated>2009-04-05T14:52:16.275-07:00</updated><title type='text'>El enemigo en la propia casa</title><content type='html'>&lt;meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" LatentStyleCount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Book Antiqua"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	color:#333333;} a:link, span.MsoHyperlink 	{color:blue; 	text-decoration:underline; 	text-underline:single;} a:visited, span.MsoHyperlinkFollowed 	{color:purple; 	text-decoration:underline; 	text-underline:single;} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Resulta interesante ver que con la designación de “calentamiento global” nos referimos a un fenómeno del que nos sentimos víctimas, sin tomar en cuenta que al mismo tiempo &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;somos los causantes. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Es así como nos presenta Santiago Kovadloff su visión de las catástrofes que azotan la tierra en su artículo &lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1103594"&gt;"Los enemigos de la tierra"&lt;/a&gt;. Pero también sería útil observar&lt;span style="color: windowtext;"&gt; cómo esa función inductora del hombre sobre la naturaleza se cumple en otras situaciones destructivas, e intentar hallar una posible raíz común. Coincido con el autor en que hay algo más grave aún en esta conducta, que él, en una síntesis perfecta, ha llamado “irracionalismo criminal”. Es la ambigüedad de la actitud hacia lo que este fenómeno amenazador representa. El hombre sabe de él y no sabe, o así lo aparenta. No parece tener conciencia, desoye el mensaje, o simplemente juega a hacerse el tonto, por inútil que resulte, porque declararse conocedor lo obliga a un compromiso que prefiere eludir. De ahí esa ambigüedad, típica del ser humano inmaduro. Y revela doble inmadurez que al hombre no le importe a qué destino lo conducen sus actos de inconsciencia; que no prevea las consecuencias por estar demasiado enfrascado en la autosatisfacción que le brinda su presente. Ese ensimismamiento no le permite dar -ni siquiera por curiosidad- un vistazo por detrás de la cortina al panorama que se avecina, y mucho menos prepararse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;Queda expuesta una vez más la dicotomía entre el “saber” que otorga la ciencia, y ese otro saber que implica algo más que el mero conocimiento; que pretende indagar más allá, en honduras que dejan atrás lo conocido y conducen a un saber superior, solo alcanzable para quien persigue la sabiduría. La ciencia nos señala un camino y preferimos tomar el otro, más fácil, quizá porque la ceguera es menos responsable a la hora de los reclamos, o quizá porque la necedad que nos caracteriza no sería tal si no tuviese ese rasgo de obstinación. Renunciamos a lo importante seducidos por lo urgente; anteponemos lo placentero a lo duradero, traicionando nuestra innata necesidad de ser felices, porque se nos enseña a canjearla por la saciedad inmediata. Así, negarse a asumir la realidad omnipresente del trastorno climático mundial &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;es comportamiento necio por definición. Y si, unidos los componentes enumerados arriba en fatal combinación, se le agregan unas pinceladas con auxilio del diccionario, se obtiene un triste pero fiel retrato de la mentalidad cómplice&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;-y a la vez víctima– que se asusta de su imagen y no quiere reconocerse en ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;Así, mientras perdure la raza humana se seguirán ensalzando los adelantos de la ciencia. Pero queda por verse si de algo sirve avanzar en ciencia si humanamente se involuciona. Nuestra realidad nos preguntará, en el último minuto del trayecto: “¿Recuerdas adónde te dirigías cuando partiste?”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt;"&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-4039127557876656093?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/4039127557876656093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/04/el-enemigo-en-la-propia-casa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/4039127557876656093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/4039127557876656093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/04/el-enemigo-en-la-propia-casa.html' title='El enemigo en la propia casa'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-5262424299914393042</id><published>2009-03-30T15:05:00.000-07:00</published><updated>2009-03-30T15:41:48.066-07:00</updated><title type='text'>Huellas de un noticiero</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Book Antiqua"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	color:#333333;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%; font-family: georgia; color: rgb(51, 51, 153);"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Book Antiqua"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	color:#333333;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;/p&gt;&lt;meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" LatentStyleCount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Book Antiqua"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	color:#333333;} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;        &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%; color: rgb(102, 0, 204);"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;Uno no deja de sorprenderse. En pocos minutos se transita por un panorama de noticias consecutivas, pero tan dispares entre ellas que se puede pasar de la conmoción al embeleso, y al oscilar en tal medida las emociones,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;atropelladamente y sin una mínima preparación previa,finalmente uno termina con una especie de indigestión mental: no hubo tiempo de asimilar una novedad antes de sentir el efecto de la siguiente, y todas ellas, así como llegaron, sin masticar, quedaron acumuladas en algún lugar del trayecto, desde los sentidos hasta la comprensión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%; color: rgb(102, 0, 204);"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;     Obviaremos aquí intencionalmente &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;lo desagradable –que, dicho sea de paso, puede llegar a niveles impensados– para señalar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;un ejemplo de la diversidad mencionada: al oír&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;–como en efecto sucedió– que una psicoanalista francesa considera que la lectura de El Quijote es un antídoto eficaz en los casos de depresión, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;la grata impresión que deja algo así&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt; hace que solo por ello haya valido la pena el rato frente al televisor. Pero vino algo más, que si bien &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;ya pocas cosas asombran, no es de menospreciar : en Australia se venden pinturas hechas por una niña de dos años, a precios que oscilan entre los 200 y los 1400 dólares.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%; color: rgb(102, 0, 204);"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt;     &lt;/o:p&gt;Sin embargo, se pasa de algo grato a alguna especie inverosímil que genera desasosiego en cuestión de unos pocos segundos. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Y luego, tras el lapso que dura una sola respiración, otra vez lo asombroso, ya sea por lo atroz o por lo frívolo de lo que se describe, por lo descarnado de personaje o por la naturalidad con que eso atroz, frívolo o descarnado se explica con lujo de pormenores por el solo deber de informar, sin la menor consideración por los destinatarios de la información.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p style="color: rgb(102, 0, 204);"&gt;     &lt;/o:p&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 0, 204);"&gt;La sensación es parecida a la de una montaña rusa, pero que tiene lugar en el terreno de los pensamientos y las emociones. Si a eso se suma que generalmente el noticiero es el acompañante habitual de la cena, no hay necesidad de explicar el alcance de su efecto en el espectador. ¿A cuántas cosas todavía deberemos acostumbrarnos?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;font style="line-height: 150%;" size="10"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-5262424299914393042?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/5262424299914393042/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/03/huellas-de-un-noticiero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/5262424299914393042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/5262424299914393042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/03/huellas-de-un-noticiero.html' title='Huellas de un noticiero'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6692674328237209246.post-2877924303817173691</id><published>2009-02-15T09:02:00.000-08:00</published><updated>2009-02-15T09:10:28.332-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bien sabe usar el tamiz el que descubre un matiz'/><title type='text'>El silencio de Eluana</title><content type='html'>&lt;meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" LatentStyleCount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Book Antiqua"; 	panose-1:2 4 6 2 5 3 5 3 3 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Book Antiqua"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	color:#333333;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 9pt; font-family: Arial; color: windowtext;"&gt;&lt;font style="color: rgb(0, 0, 153);" size="2"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Una mujer postrada; su existencia, anclada en un momento de su juventud en el que se detuvieron sus pensamientos, su sonrisa, su voz y sus manos, pero no su vida. Al parecer, el resto de sus congéneres no se lo podía perdonar. Nadie la consideraba una persona, solo alguien "en estado vegetativo" que vivía gracias a mecanismos de asistencia artificial. Nadie tampoco se preguntó si tenía dignidad o sentimientos; apenas se le concedió conservar su nombre de pila para poder identificarla cada vez que se seguía su historia&lt;/span&gt;&lt;sup style="font-family: georgia;"&gt; &lt;/sup&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;en los medios. Después de todo, no se trataba de una vida humana: para la prensa era solo un titular; para los archivos un número de expediente; un "caso" tanto para médicos como para abogados. Esa mujer (entiéndase ser humano, persona, hija de un padre y una madre, y dueña de un corazón que aún latía y un espíritu que no había abandonado su cuerpo) yacía en su cama de hospital mientras los legisladores debatían "su caso". Protestas, manifestaciones en contra y a favor, deliberaciones en el senado, opiniones de los jueces de turno, familia contra desconocidos, historia de dominio público, antecedentes parecidos para compararla, encuestas, un país entero que se divide, y quién sabe cuántas consecuencias más habrá desatado su infeliz destino desde aquella habitación. Cuánto entrometimiento, sin límite ni consideración alguna, en la vida de la que nadie es dueño, pero de la que todos se sintieron con derecho a decir algo. Mientras tanto, ella, la durmiente y siempre joven Eluana, con su mente y voluntad ajenas a todo cuanto ocurría, no tuvo otra opción que prestarse a la manipulación de otras voluntades ávidas, no pudiendo impedir que otros decidieran el día y la hora en que terminaría, al mismo tiempo que su vida, el revuelo que ella sin saberlo ni quererlo había ocasionado, por el solo hecho de ser víctima de un desgraciado accidente. A los "justicieros", esos que necesitaban demostrar  quién ganaba la contienda, no les bastó con que Eluana entregara su juventud y sus sueños al vacío de la inmovilidad forzosa, de un lecho frío y silencioso donde, para los demás, ella solamente existía. No, ellos iban por más: no descansaron hasta que ella les entregó lo único que le quedaba: su cuerpo, y así la hicieron mártir. Pero éste, agonizante, no les pidió permiso para despojarse del alma que lo revestía. Esa alma tuvo la suficiente altura para retirarse de la escena antes que alguno de los que se disputaban la presa se pronunciase ganador. Cabría preguntarse quién de ellos podrá mirar al cielo estrellado, y respirar profundo con aire de satisfacción, sintiendo que triunfó.&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6692674328237209246-2877924303817173691?l=sobreeltamiz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/feeds/2877924303817173691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/02/el-silencio-de-eluana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/2877924303817173691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6692674328237209246/posts/default/2877924303817173691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sobreeltamiz.blogspot.com/2009/02/el-silencio-de-eluana.html' title='El silencio de Eluana'/><author><name>Cristal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05246017024874978411</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_5HOnbB5T0IM/SZhOXOwCP2I/AAAAAAAAAA8/ZqIH96I8YkQ/S220/Sept-2008.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
