(Carta de lector al diario Clarín)
Un ídolo del deporte, la belleza o el cine puede embarcarse
repentinamente en la política, el arte o la diplomacia internacional sin el
menor esfuerzo, porque simplemente su fama es suficiente credencial para
justificar sus otros talentos en cualquier disciplina. Así vemos que, sin
importar si se trata de una modelo, un cantante, o hasta una princesa, toda
figura popular está avalada por la farándula, y si no importa el talento, el
nivel de instrucción, ni siquiera el decoro que en otros tiempos habría sido
atributo obligatorio de la nobleza, ¿por qué no puede una princesa europea
convertirse en escritora de novelas de la noche a la mañana?
Pero eso no es lo más preocupante. Al fin y al cabo, como cualquier ser humano, ella tiene perfecto derecho a interesarse en una actividad nueva y desarrollarla. Lo grave es que, aun antes de que esta princesa haya concluido su novela, los estudios de cine le paguen los derechos de autor en millones de dólares. Esto significa, por un lado, que no necesitan ni siquiera conocer la calidad de la obra ni si tiene un final al menos interesante; y por otro, que ya se puede presuponer su éxito en la pantalla grande y los enormes dividendos de la exhibición, con lo cual toda otra consideración queda en un segundo plano.
De esa manera, a la sociedad se le ofrece una deplorable enseñanza: "No aprendan sobre literatura, no lean diferentes autores ni estudien sus estilos, no se enriquezcan con la variedad de géneros y de expresión cultural y étnica que ofrece la literatura mundial". Así compraremos el producto enlatado y lo consumiremos como se hace con una nueva marca de bebida gaseosa. Valores trastocados, cerebros empobrecidos, una cada vez más clara involución del hombre: a eso apunta la exaltación de las "estrellas" y el consumo de sus productos.
Carta publicada en el Diario Clarín (foto)
Pero eso no es lo más preocupante. Al fin y al cabo, como cualquier ser humano, ella tiene perfecto derecho a interesarse en una actividad nueva y desarrollarla. Lo grave es que, aun antes de que esta princesa haya concluido su novela, los estudios de cine le paguen los derechos de autor en millones de dólares. Esto significa, por un lado, que no necesitan ni siquiera conocer la calidad de la obra ni si tiene un final al menos interesante; y por otro, que ya se puede presuponer su éxito en la pantalla grande y los enormes dividendos de la exhibición, con lo cual toda otra consideración queda en un segundo plano.
De esa manera, a la sociedad se le ofrece una deplorable enseñanza: "No aprendan sobre literatura, no lean diferentes autores ni estudien sus estilos, no se enriquezcan con la variedad de géneros y de expresión cultural y étnica que ofrece la literatura mundial". Así compraremos el producto enlatado y lo consumiremos como se hace con una nueva marca de bebida gaseosa. Valores trastocados, cerebros empobrecidos, una cada vez más clara involución del hombre: a eso apunta la exaltación de las "estrellas" y el consumo de sus productos.
Carta publicada en el Diario Clarín (foto)

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