(Carta de lector al diario Clarín)
Fue una interesante experiencia poder leer tres diferentes columnas de
Clarín del domingo 6 del corriente*, y encontrar cierta similitud en el enfoque
de autores tan diversos, y por si fuera poco, un eco de los pensamientos de
esta lectora.
Un economista, un periodista del New York Times, un famoso cantante, y
el director de Microsoft, Bill Gates (y ya es bastante llamativo que estos dos
últimos compartan la autoría de una columna), han tenido un objeto de
observación común.
Jeremy Rifkin nos advierte que “la humanidad parece ser absolutamente
incapaz de reconocer la cabal dimensión de la catástrofe que se avecina”,
refiriéndose al funesto pronóstico climático de nuestro planeta. Y agrega que
la raza humana no está preparada, porque es difícil que el calentamiento global
suscite nuestra curiosidad “en un mundo acelerado (…) donde el período de
atención humana sigue reduciéndose a las gratificaciones del momento”.
Finalmente concluye con la desafiante pregunta “qué hace falta para que la
humanidad despierte”. Estas dos últimas citas me recuerdan una muy interesante
pregunta que Clarín Debate nos propusiera en el año 2003: “¿Cuál es el tema
que a usted hoy más le preocupa?” En mi respuesta, mencionaba la ilusión de una
vida “light” de gratificación instantánea
(primera coincidencia con Rifkin), y luego señalaba (segunda): “Desde esa neblina de inconsciencia son
pocos los que logran despertar y salir para preguntarse por su propia existencia:
(…) ¿Qué fin le espera al género humano por el rumbo que vamos?”
Frank Rich, a su vez,
habla de la trivialidad –y yo agregaría ignorancia–– del público
estadounidense, para quienes “si una noticia no está en la televisión, no
existe”, aludiendo con ello a la actitud de los norteamericanos ante la
gravedad de la guerra en Irak, quienes a la hora de enfrentarse a la atrocidad
de las torturas cometidas en una cárcel de ese país prefirieron ocuparse de la
noticia del “príncipe payaso” británico y la esvástica que lució en su
brazalete en una fiesta de disfraces. Y si los los medios masivos,
supuestamente responsables de informar a la población, son los que dan el
ejemplo con tamaña insensibilidad a la hora de establecer sus prioridades
informativas (la NBC fue uno de ellos), ¿qué podíamos esperar del público
norteamericano, que si se acerca a un noticiero es apenas porque se lo sirven
en la pantalla chica? Por último, Bono y
Bill Gates mencionan una antigua idea errónea: la de que “los países pobres,
esclavizados a los paríses ricos (…) deberían pagarnos cualquiera que sea el
precio en sufrimientos humanos”. Hablan de que el mundo tendrá que preocuparse
a la brevedad por el futuro de los más pobres. La conclusión unánime a la que
llegan todos estos autores, y a la que me sumo personalmente, es que seguimos
desatendiendo las señales de alarma que nos dan nuestro mundo y la humanidad
misma, y seremos responsables de lo que nos depare el futuro.
Es gratificante para
mí como lectora encontrar tanta coincidencia con el parecer de otras personas,
que muy lejos de este país y de nuestras circunstancias cotidianas, y también
alejados quizás por su nacionalidad, profesión e idiosincrasia, pueden
convertirse en seres casi hermanados con uno gracias a una óptica común del
momento presente de la raza humana, pero gracias, además, al maravilloso
vehículo que es un periodismo internacional coherente y de tan amplio alcance.
Agradezco a Clarín, que nos da esa posibilidad.
* Los enlace de las páginas mencionadas no están disponibles por el momento
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