miércoles, 11 de octubre de 2006

Carta a Fundación Leer



Me quiero referir al aviso publicado por Clarín el pasado 17 de septiembre, página 28, con el que se da a conocer el Proyecto libro abierto y el diario, patrocinado por la Fundación Leer y la Fundación Noble. No pude menos que sorprenderme al encontrar errores en el uso de la lengua dentro de un aviso con el que se pretende invitar a conocer y disfrutar el placer de la lectura. Puedo aceptar como error de imprenta el acento en “aúlico”, pero ni siquiera está correcto usar la palabra áulico en ese contexto, la cual significa “perteneciente a la corte o palacio”. Se menciona “asesoramiento pedagógico”, y si entendemos por pedagógico lo referente a enseñar,

me pregunto si estarán realmente en condiciones de enseñar, y nada menos que “habilidades lectoras”, aquellos que aún necesitan que se les corrija equivocaciones básicas. Un ejemplo: “eligirán”, forma incorrecta por elegirán, algo injustificable en profesionales de la educación. Para coronar la lista, se coloca prevención al lado de protección y conservación, refiriéndose a nuestro planeta, pero las tres palabras obviamente no tienen igual función. ¿Acaso podemos “prevenir” nuestro planeta? Curiosamente, uno de los talleres que ofrece el programa, me resulta algo ambicioso después de observar estas deficiencias, pues se llama nada menos que “estrategias de comprensión del discurso periodístico”. Analicemos por partes el título: “periodístico” ya es decir bastante, porque se supone que un periodista ha cursado una carrera y la lengua es su principal herramienta de trabajo. “Discurso periodístico” es más específico aún, pues el uso del idioma requiere de una técnica y especialización que, si se propone como materia de un taller, es porque no cualquier hablante lo sabe entender o interpretar. “Estrategia de comprensión”, es algo audaz, porque no solo se ofrece aprender a comprender, ¡sino también con estrategia! Cabe preguntarse cómo no hubo alguien, entre quienes dieron el visto bueno al aviso, de una fundación, de la otra, o del equipo de corrección del diario, o quizá otra persona –o más de una– que haya podido dar un vistazo al texto antes de mandarlo a imprenta, digo alguien, que  pudiera reparar en estos errores. Pienso que sería importante la coherencia. Cuando enseñamos a un niño de cinco años a leer, lo hacemos porque sabemos escribir, de lo contrario no podríamos. Este principio se puede aplicar –a otro nivel, naturalmente– en este caso.














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