Me quiero
referir al aviso publicado por Clarín el pasado 17 de septiembre, página 28,
con el que se da a conocer el Proyecto
libro abierto y el diario, patrocinado por la Fundación Leer y la Fundación
Noble. No pude menos que sorprenderme al encontrar errores en el uso de la
lengua dentro de un aviso con el que se pretende invitar a conocer y disfrutar
el placer de la lectura. Puedo aceptar como error de imprenta el acento en “aúlico”, pero ni siquiera está correcto usar la palabra áulico en ese contexto, la cual
significa “perteneciente a la corte o palacio”. Se menciona “asesoramiento
pedagógico”, y si entendemos por pedagógico lo referente a enseñar,
me pregunto si
estarán realmente en condiciones de enseñar, y nada menos que “habilidades
lectoras”, aquellos que aún necesitan que se les corrija equivocaciones
básicas. Un ejemplo: “eligirán”, forma incorrecta por elegirán, algo injustificable
en profesionales de la educación. Para
coronar la lista, se coloca prevención
al lado de protección y conservación, refiriéndose a nuestro
planeta, pero las tres palabras obviamente no tienen igual función. ¿Acaso
podemos “prevenir” nuestro planeta? Curiosamente, uno de los talleres que
ofrece el programa, me resulta algo ambicioso después de observar estas
deficiencias, pues se llama nada menos que “estrategias de comprensión del
discurso periodístico”. Analicemos por
partes el título: “periodístico” ya es decir bastante, porque se supone que un
periodista ha cursado una carrera y la lengua es su principal herramienta de
trabajo. “Discurso periodístico” es más específico aún, pues el uso del idioma
requiere de una técnica y especialización que, si se propone como materia de un
taller, es porque no cualquier hablante lo sabe entender o interpretar.
“Estrategia de comprensión”, es algo audaz, porque no solo se ofrece aprender a
comprender, ¡sino también con estrategia! Cabe preguntarse cómo no hubo
alguien, entre quienes dieron el visto bueno al aviso, de una fundación, de la
otra, o del equipo de corrección del diario, o quizá otra persona –o más de
una– que haya podido dar un vistazo al texto antes de mandarlo a imprenta, digo
alguien, que pudiera reparar en estos
errores. Pienso que sería importante la coherencia. Cuando enseñamos a un niño
de cinco años a leer, lo hacemos porque sabemos escribir, de lo contrario no podríamos.
Este principio se puede aplicar –a otro nivel, naturalmente– en este caso.
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