sábado, 12 de enero de 2008

La frase


Desde un noticiero televisivo, mientras se comentaba sobre las protestas de la población por los recientes y continuos cortes de electricidad, me golpeó en los oídos una frase del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para la que no pude encontrar un calificativo adecuado. Por supuesto, en mi fuero interno desfilaron unas cuantas palabras peyorativas, pero para ponerlo por escrito tenía que pensar en alguna palabra que pudiera describir la inmadurez tanto política como humana de su autor, y sumara además algunos matices que reflejaran mi indignación en forma decente. La memorable frase, justificando los cortes en el suministro de energía, fue: "Los argentinos somos víctimas de nuestro propio éxito" (sic). En una  fracción de segundo sentí en mi cabeza el efecto combinado de impresiones negativas que sería difícil sintetizar, porque para empezar, ni siquiera de un colegial al que hubieran encuestado por la calle sobre el asunto cabría esperar semejante razonamiento. En fin, pensé que tendría que recurrir al diccionario de sinónimos e ideas afines para encontrar un adjetivo que explicara por sí solo todo lo insensato, miope, limitado, despreciativo e irrespetuoso de la declaración del funcionario. Pero después pensé que un individuo que, siendo político (o creyendo serlo) tiene la osadía de hacer un ridículo semejante, no merecía que me molestara en utilizar mi precioso tiempo para buscarle un calificativo ajustado, ni a él ni a su insultante “justificación” pública. Mientras en esto cavilaba, a los pocos segundos, en otro noticiero, entrevistaron a una joven discapacitada que explicaba que necesitaba de un aparato de oxígeno para poder sobrevivir. Fue entonces que decidí que en lugar de gastar mi energía y pensamientos en criticar al Jefe de Gabinete y su infeliz frase, prefería preguntarle por este medio -y quizá algún lector lo ayude a contestar, o a mí a entender– a qué clase de éxito se referiría si lo pusiéramos frente a aquella joven, y de qué admirable manera le podría explicar a ella eso de ser “víctimas del éxito económico”. Me imagino la escena, y daría cualquier cosa por escuchar a Alberto Fernández repitiendo su insigne frase a ancianos en pisos altos de edificios impedidos de usar el ascensor, a madres de bebés que tienen que tirar por la cañería la leche echada a perder, a enfermos graves que para no morirse dependen de toda la aparatología tecnológica que la medicina provee, y a cientos de comerciantes de productos como pescado, carne, y tantos otros alimentos y hasta medicamentos que deben resignarse al “éxito económico” de perder su producción por el simple hecho de ser argentinos. Si usted quiere, señor Jefe de Gabinete, dejemos en suspenso la propuesta hasta que comiencen las muertes a raíz de los cortes de electricidad. Entonces, para oír alguna otra ocurrencia suya como la que hizo pública últimamente, le aseguro que pagaré asiento en primera fila.


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